Local donde se despachan bebidas y se ofrecen recitales de cante, baile y toque flamencos, un arte que hasta la aparición de estos establecimientos está restringido a las reuniones familiares, a su ocasional interpretación en las tabernas, en ferias, verbenas y veladas. José Blas Vega y otros especialistas en esta materia entienden que dichos locales permiten intensificar la profesionalización progresiva de este arte: “Los cafés cantantes que existieron durante los años comprendidos entre 1847 y 1920 surgieron en razón lógica de unos hechos naturales –escribe José Blas Vega–. Por un lado, el auge que toman en toda Europa los cafés con espectáculos musicales, no sólo como entretenimiento sino también como inquietud artístico-cultural. Por otro, la necesidad de canalizar la expansión cada vez más pujante del costumbrismo andaluz”.



