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Esperanza Fernández es una de las voces más contundentes del flamenco contemporáneo. Con tan sólo un par de discos en el mercado, pero décadas de dedicación a este arte, la trianera vive un momento de madurez artística reconocido en la pasada Bienal de Sevilla con el Giraldillo del Cante. Espíritu inquieto, como ella misma admite: “Yo soy cantaora de flamenco, a mi me gusta mucho la música, la poesía y es verdad que me he atrevido con muchas cosas, como la ópera como Margot, o cantando con orquesta sinfónica composiciones de Manuel de Falla y de Turina”.
Cuando se habla de Esperanza Fernández, inmediatamente se asocia al flamenco trianero. ¿Cuál es su vinculación con el barrio?
Mi niñez no la tuve en Triana, yo vivía en un barrio de Sevilla que se llamaba Felipe II y cuando tenía 16 años me vine para aquí. Aunque no me crié en Triana, realmente de escuchar a mi padre hablar de Triana, una parte de mí sí pertenecía a este barrio. De Triana es mi padre, mi abuelo y allí tengo a todos mis antepasados: los Cagancho. Yo creo que es un lujo haber vivido en Triana y aunque yo ahora mismo viva en otro sitio. Cuando me quiero inspirar o necesito tomar aire fresco siempre me voy a Triana. Sevilla tiene algo especial pero yo creo que Triana tiene un olor muy especial. A mí me aporta muchísima serenidad y muchísimo bienestar, estar por aquí tomándome un café, verme aquí con mis amigos y con mis amigas.
¿De dónde viene su devoción por el flamenco?
Pues me viene de mi madre como dice la letra que hago por soleá [Tengo gran fantasía/ como la madre de mi alma/ nadie nacerá en la vida]. Aunque mi madre no ha sido una cantaora profesional ella siempre cantaba, es de Lebrija y esa transmisión la he tenido como yo con mis hijos. Desde pequeña siempre he tenido muy claro que yo quería ser artista. No tenía claro que quería ser cantaora porque yo era una niña muy vergonzosa, muy tímida, pero mis primeros pasos profesionales fueron bailando y cuando me sentí totalmente realizada es cuando yo ya sentía que quería ser cantaora. Entonces, me puse a estudiar y a hacerme profesional en el mundo del cante.
¿Cómo fue la transición del baile al cante?
Pues mira, se le hizo un homenaje a Chiquetete en Triana, en un cine en Pages del Corro, y resulta que yo todavía que no cantaba, yo bailaba y podemos decir que fueron mis comienzos. Ahí fue realmente donde me di cuenta que el baile no, que yo me ponía demasiado nerviosa. Yo lo llevaba todo absolutamente bien montado y se me olvidó todo. Salí con una rabieta impresionante y le dije a mi padre: mira yo no voy a bailar más y me voy a dedicar al cante: fue cuando me metí de lleno. De pequeñita debutamos en el Lope de Vega con mis hermanos estuve prácticamente haciendo muchas veladas de Sevilla con la “La Pandilla Gitana” que nos llamábamos en aquel entonces y luego como profesional con 16 años nos presentamos en el Lope de Vega que fue donde me conoció Mario Maya cantando una nana, una obra que hizo mi padre que se llamaba “Diálogos con Dios” y ahí fue cuando la gente empezó a conocerme. A raíz de ahí fue cuando me conoció Mario maya y le dijo a mi padre que quería que yo participara en una obra de Federico García Lorca y a partir de ahí…todo.
¿Por qué cree que el flamenco ha despertado tanto interés por parte de otros ámbitos artísticos?
El flamenco siempre ha fascinado a escritores, pintores y artistas de otras disciplinas: llama la atención a otras artes. Puede ser por el metal de la voz de los flamencos. No digo que el resto de las músicas no se canten con el corazón, todas las músicas se cantan desde el alma y desde el corazón si no, no existiría esa fantasía y esa cosa tan grande. Pero yo creo que el flamenco es una cosa más profunda, quizás por el metal de la voz de los flamencos, por la imagen de los flamencos, por eso yo creo que a los pintores las mujeres flamencas o las gitanas le han fascinado mucho por el color, por los ojos tan grandes, por el pelo… yo creo que por eso.
Además de su trayectoria artística, hace años que se dedica a la enseñanza en su propio estudio.
Es mi segunda casa. La historia fue como un cuento, realmente no teníamos en mente eso de tener una escuela ni Miguel ni yo, pero surgió así de esta manera, fue una cosa muy graciosa porque esto era el antiguo guarda muebles de una tienda muy famosa que había en La Macarena y resulta que Miguel lo compró por subasta. La hemos hecho con las necesidades que aparte de un alumno un artista necesita. Viene muchísima gente de fuera, muchísima gente del barrio de La Macarena y bueno, ya son tres años que la tenemos abierta y gracias a Dios funciona estupendamente.
En su carrera arte y amor van unidos…
La vida sin amor no es vida y la estabilidad que me ha podido aportar mi marido es impresionante. Y mis dos hijos, que es lo más grande de mi vida, son las dos columnas de mi cuerpo que me mantienen en pie y como digo en mi último disco en una soleá que le dedico a ellos. Realmente el mundo del artista es una vida bastante dura y si no tienes una persona a tu lado que sabe cómo funciona esta carrera es un poco complicado. Yo he tenido la suerte de encontrar a Miguel Vargas, que es bailaor, y el apoyo es mutuo. Así llevamos ya doce años.
¿Cómo conoció a su marido, Miguel Vargas?
Él es venezolano criado en Alemania y es autodidacta absoluto. Empezó de muy pequeñito bailando solo. Por arte de magia o por los destinos de la vida vino aquí a Sevilla, me conoció y fue un sueño lo mismo para él que para mí: yo ya llevaba mucho tiempo en el mundo del flamenco y era más conocida pero me seguía porque me admira mucho como artista y así surgió.
¿Cómo se puede enseñan a cantar flamenco?
Aquí lo primero que le inculcamos al alumno cuando entra por esta puerta es que se tiene que aficionar mucho al flamenco porque es una carrera en la que hay mucho que aprender. Nosotros somos artistas y sabemos que la persona que viene de fuera necesita muchísimo apoyo, muchísimo amor porque dejan su casa y vienen aquí a estudiar por un año o por dos años. En ese momento pues se encuentran solos y entonces aquí en esta casa encuentran un cariño especial y se pueden encontrar de todo: las clases de Miguel, mis clases, las clases de Miguel Ángel Cortés, la percusión, hay clases para niños también, hemos tenido exposiciones de grafitos, presentaciones de libros,… Es una escuela, pero además es un centro de arte y flamenco en Sevilla.
¿Disfruta dando clases?
La verdad es que sí. Yo sin el flamenco no puedo vivir y me aporta muchas satisfacciones porque veo que la gente que entra ama mucho el flamenco y lo respeta. Yo les inculco muchísimo más respeto. Es una carrera igual que otra o más larga pero ellos estudian mucho, ensayan se aprenden los cantes y realmente yo estoy muy orgullosa y muy satisfecha de todas las personas que han pasado por aquí.