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Dorantes se encuentra con Hayasi: maestro de la percusión nipona

Actualidad - Eventos

 
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 El pianista David Peña Dorantes estrena en Japón un nuevo espectáculo junto con el percusionista Eitetsu Hayasi. ‘Hibiki’ o ‘Resonancia’ es el nombre de este montaje en el que la música flamenca y jazzística del creador lebrijano se encontrará con los sonidos mates del taiko de Hayasi. El Ballet de Yoko Komatsubara completa el plantel de una obra marcada por el diálogo entre las tradiciones japonesa y andaluza. Se trata de una doble función programada para los días 8 y 9 de enero en el Nuevo Teatro Nacional de Tokio.


Aunque lejanos en el mapa y en patrimonio cultural, la trayectoria de Hayasi y Dorantes ha seguido un proceso artístico similar que ha desembocado en el presente encuentro. Ambos proceden de asimilar la mejor tradición de sus respectivas culturas para actualizarlas con un enorme potencial. El resultado, en los dos casos, ha sido la revitalización de sus respectivos instrumentos: el taiko y el piano flamenco.

Eitetsu Hayashi, nativo de Hiroshima, fundador de los míticos ensambles “Sado-Ondekoza" y "Kodo” de los que ha sido director artístico y presidente por más de 15 años, es el nombre de referencia para hablar de taiko en Japón. Es el primer y único taiko solista del mundo y creador del método Rendimiento “O-Daiko” que requiere nuevas técnicas y una previa preparación física, hasta entonces desconocidas en las actuaciones de los tradicionales tayko.

Por su parte, Yoko Komatsubara nació en el seno de una familia de músicos tradicionales japoneses. De niña, se formó como actriz y bailarina clásica. Su carrera dio un giro cuando presenció una actuación de la compañía de Pilar López en 1960. Decidida a dedicarse por entero al flamenco, viajó a España para estudiar con maestros del flamenco y del clásico español como Victoria Eugenia, Paco Fernández, Enrique el Cojo, Matilde Coral o Manolo Marín. Debutó con éxito en Japón y también logró hacerse hueco en el circuito flamenco, formando parte de compañías como la de Rafael de Córdoba para montar su propia compañía. Siempre se hizo rodear de lo más granado del cante, recibiendo el respaldo de vocalistas como Fosforito o Naranjito de Triana. Por su compañía y por el tablao que durante veinticinco años gestionó en la capital nipona fueron pasando los principales nombres del flamenco, lo cual hizo que fuera reconocida como una de las principales difusoras internacionales del flamenco. Por esta labor, fue condecorada en 1977 en España con el Lazo de la Orden de Isabel la Católica.