Caña y polo
Documentación -
Palos
La caña y el polo son dos palos muy parecidos entre sí, ambos pertenecientes al ámbito musical de la soleá. Comparten con ésta tanto la estructura de la copla, cuatro versos octosilábicos con rima en los pares, como el acompañamiento de la guitarra: toque “por arriba” y compás de amalgama.
Lo más característico de la caña y el polo es el paseíllo de ayeos, una reiteración de cinco o seis ayes que se entonan después del segundo y cuarto tercio y que forman en sí mismos una estructura musical claramente identificable.
Las diferencias entre ambos estilos estriban principalmente en la melodía de sus coplas. La caña encierra mayor dinamismo y emplea un registro más amplio, el polo es más solemne y mesurado. Un recurso útil para identificarlos es que la caña comienza a cantarse con el paseíllo mientras que en el polo el cantaor inicia con la copla.
Se trata de dos estilos fosilizados dentro de la evolución flamenca. De hecho, cada vez se interpretan menos, sobre todo el polo. En la actualidad se siguen cantando las versiones recuperadas en los años 50 del pasado siglo. Por este estatismo, se ha acuñado una fórmula de combinar estos palos con otros estilos para componer un cante más variado. Lo más normal es rematar la caña con un macho y una letra por soleá y el polo con una soleá apolá o con una cuarteta del Romance del Conde Sol (esta última combinación la popularizó Pepe el de la Matrona).
Sobre los orígenes de la caña y el polo se ha escrito mucho, pero se sabe poco. Sí está constatado que en el siglo XIX eran palos muy populares, mucho más que hoy en día, dada la cantidad de referencias bibliográficas y hemerográficas que se han encontrado. Sin embargo no está claro que en todos los casos se trate de estilos netamente flamencos, siendo más plausible que nacieran como formas folclóricas y se aflamencaran en algún momento del siglo XIX para engullir por completo a sus hermanas mayores.
Respecto al baile, decir que la primera coreografía flamenca conocida de la caña fue creada por la Carmen Amaya en los años 30.